“Estudié Física hace décadas, la aparqué al entrar en la vida laboral y ahora, que dispongo otra vez de tiempo, quería retomarla”.
He visto con frecuencia este tipo de comentario buscando libros sobre Relatividad General o QFT. Me llamaron la atención, porque no eran lecturas de hamaca y me vi reflejado en ellos.
No es extraño retomar algo que nos interesó en la juventud, pero quizás sí volver a estudiar materias complejas, sin aplicación práctica cotidiana y que exigen un esfuerzo difícil de compensar a cierta altura de la vida.
Más de uno pensará: ¿y qué más da?, como si te dedicas a los sudokus o a la petanca, pero por si a alguien le interesan las motivaciones, me he animado a escribir sobre ello.
Contaré mi experiencia, tras leer muchos libros de divulgación y empezar con material más propio de la universidad. No pretende ser una receta de autoayuda, aunque, como dijo Feynman en una charla: “No tengo mucho que decir, pero de todas maneras hablaré un buen rato”.
Aprovechar tu tiempo libre
Lo primero es disponer de tiempo. Lógico. Cuando el trabajo y las obligaciones ocupan casi todo, lo último que apetece es dedicarlo a los símbolos de Christoffel o los armónicos esféricos, si nada te obliga a ello. Como mucho, lees algo de divulgación para distraerte y cambias de chip.
Cuando recuperas tiempo que no tenías (jubilación o menor carga laboral, cambio vital), estudiar física es una opción curiosamente razonable para ocupar una parte de él. Sin algunas metas y rutinas, es fácil acabar en actividades más pasivas (TV, redes sociales…) que. en grandes dosis. malgastan tu día.
Eso sí, evito la disciplina rígida porque ya me lo tomo como hobby, no como un objetivo profesional. Si un día no me apetece estudiar, hago otra cosa. Solo trato de que no se convierta en norma: mantener un hábito mínimo y avanzar más cuando estoy motivado.
Un mundo de recursos
Otra razón para retomarlo es que hoy autoformarse es mucho más fácil y ameno que en mi época de estudiante. La combinación de Internet y la Inteligencia Artificial ha cambiado por completo el panorama.
Libros, papel y pantallas
La disponibilidad de libros es enorme, más si lees en inglés. Puedes montar una buena biblioteca sin invertir demasiado, comprando libros de segunda mano, con una oferta amplia en Internet.
Los ebook también son una opción asequible y rápida. Buen formato para divulgación, aunque en libros repletos de fórmulas, solo me resultan cómodos los PDF en pantalla grande.
También hay servicios de lectura online por suscripción y, por supuesto, descargas gratuitas. Reconozcamos que casi todo está disponible, pero sin entrar en obras con copyright, tienes bastantes libros de calidad con licencia libre.
En cualquier caso, aunque tire de tablet, para estudiar física prefiero el papel. Me es más fácil ir atrás y adelante, ‘pelearme’ y retener mejor la materia.
Recursos en múltiples formatos…
Internet nos ha traído múltiples formatos: vídeos, podcasts, newsletters, artículos en blogs, foros especializados o cursos online.
A mí me gustan como complementos a los libros. Un par de ejemplos: algunas clases magistrales en vídeo y las simulaciones que te ayudan a visualizar conceptos que no acabas de captar en un texto.
…y niveles
Además, han proliferado libros con un nivel entre la divulgación (amenos, pero obligados a simplificar) y el texto universitario (desaniman si estás matemáticamente oxidado). Me encaja lo que dijo Paul Valéry: “Todo lo simple es falso, todo lo complejo es inútil”.
Este tipo de contenido trata de cubrir ese gap y son ideales para reengancharte. Ocupan un espectro que va desde la divulgación avanzada a los libros de texto ‘student-friendly’. Los primeros no rehúyen las matemáticas y ecuaciones, pero con tratamiento más esquemático y ligero. Los segundos son como unos buenos apuntes universitarios, explicando y detallando cada paso y posible dificultad. Unos te pueden servir como introducción a la materia con una rigurosidad razonable. Los otros, como complemento a las obras de referencia para no perderte cuando la cosa se vuelve densa.
Inteligencia Artificial como tutor
No descubro nada diciendo que la irrupción de los chatbots de IA en la autoformación es un punto de inflexión. Pueden explicar conceptos difíciles, aclarar dudas, proponer y resolver ejercicios, evaluar y darnos feedback o sugerir caminos de aprendizaje, adaptándose a tu nivel.
Hay ya innumerables guías para sacarles el mejor partido. Empieza con materias que domines para calibrar su potencial y limitaciones. Pregunta, repregunta para afinar respuestas y usa varias IA para contrastar.
Siguen necesitándose buenos profesores, pero este tutor online, muy capaz y siempre disponible, que no juzga tu insistencia ni tu torpeza, era impensable cuando fui estudiante.
En resumen:
El arsenal en nuestra época para afrontar una asignatura parece ahora prehistórico. Lo habitual: un libro de cabecera, quizás otro de problemas, apuntes y algunas fotocopias más o menos furtivas para completar.
Pude usar más la biblioteca, mea culpa, pero suponían nuevos desplazamientos, tiempos limitados o libros no siempre disponibles.
No digo que con los medios de hoy hubiese hecho una carrera brillante en la Física: con el tiempo uno descubre que encaja mejor en otros perfiles profesionales. Pero sigo pensado que es una disciplina esencial para entender el mundo, y estoy seguro que hubiese comprendido mejor y habría disfrutando más en mis estudios. Ese es ahora mi objetivo.
Recuperar lo que estudiaste
En público solemos definirnos por lo que hacemos (o hicimos) para ganarnos la vida. Es razonable: ahí es donde invertimos más horas y alcanzamos mayor competencia. También es cierto que pasión y profesión no siempre coinciden y no es raro acabar trabajando donde llevan las circunstancias.
Haber estudiado Física, motivado por la Cosmología, me influyó. Marcó mi forma de razonar, mi relación con los hechos, mi visión del mundo. ¿Por qué dejar que ese bagaje se oxide del todo?
Se que en su momento estudié asignaturas de forma funcional: resolver problemas, aprobar exámenes, pasar de curso. Ahora me interesan cuestiones más de fondo: ¿qué describen, qué consistencia y limitaciones tienen las teorías fundamentales? ¿Hasta que punto son solo modelos o una descripción genuina de la realidad? Para entrar en eso que llaman epistemología, necesitas comprender mejor esas teorías.
Así que reaprendo. Merece la pena cuando entiendes de verdad un concepto o el porqué de una herramienta que manejabas de forma mecánica: “¡Ah, se trataba de esto!».
También exploro áreas que apenas estudié. Abordar algunas teorías avanzadas es todo un desafío a esta edad. Aunque suene a frase de autoayuda en una taza: este tipo de reto da un cierto sentido cuando las motivaciones empiezan a escasear (quizás me he venido un poco arriba; ya podemos apagar la música de fondo).
Gimnasia mental
Proponerse estos desafíos es un ejercicio mental muy exigente, solo por esto ya es útil embarcarse en este proyecto.
Conforme se cumplen años, nos recomiendan mantener el cerebro activo: aprender un nuevo idioma, tocar un instrumento… Intentar entender el tensor de Riemann o un Campo Gauge no es resolver crucigramas, pero cumple una función parecida. Solo hay que procurar no achicharrarse.
Rememorar una época
Esta motivación es más naif .
Me considero un long-life learner, pero este aprendizaje permanente ha estado más relacionado con mi actividad profesional.
Abrir ahora un libro de física con el ritual que conlleva me recuerda mi época de estudiante, pero sin las cuestiones que menos me gustaban: horarios rígidos interminables, fechas límite, exámenes… Disfrutas mucho más la experiencia y, de paso, te hace sentir más joven (¡aunque no conviene engañarse demasiado!).
No todo es idílico
Es normal que algunos días pese la sensación de que este esfuerzo no compensa ni conduce a nada.
Cuanto más te adentras en materia, esta se vuelve más compleja. y lo que ignoras crece más rápido de lo que aprendes. Además, tienes que dedicar días enteros a cuestiones secundarias que eres incapaz de dominar. Surge la pregunta inevitable: ¿qué pinto yo ya aquí?
Para toda este desánimo, si no te es suficiente con los motivos que hemos visto, se me ocurren algunas píldoras de cosecha propia (AI-free):
- No existe solo lo profesional en la vida
- No eres un diletante. Has contribuido con décadas de esfuerzo en otras áreas
- Esto no exige tiempo completo: realiza en paralelo actividades con fines más prácticos
- Si más aprendes, aún más ignoras, además de humildad, también es una forma de «saber más»
- Si topas con obstáculos no esenciales: encapsula y aligera el nivel de detalle. Aún puedes conseguir un conocimiento coherente
- Nadie te va a señalar por no entender una derivación compleja
- Recuerda, no eres un impostor de la física, solo alguien con derecho a emplear y disfrutar mejor de su tiempo
Final
Bueno, ha costado pero llegué al final del artículo, que, tal como prometí, es más largo de lo debido.
Uno cumple siempre sus promesas.
“Es mucho más difícil escribir una reseña de un libro que has leído que la de un libro que no has leído”
y opté por publicar solo breves referencias en X.
Iba a cerrar el blog, pero probando un chat de IA citaba esas reseñas a pesar del poco alcance que habían tenido. Lo intentaré continuar, entonces, como alimento a esas IA (sic) a ver si influye un poco en algunas de sus respuestas.
P.D: en contrapartida he aprovechado la IA para crear un proyecto personal de contenidos relacionado con la Física. Lo comentaré en un próximo post. También para generar la imagen de la portada de este artículo
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